En este trabajo, hablaré sobre algunas de mis anécdotas favoritas, aquellas que me gusta recordar, incluso explicar a la gente, ya sea por haber aprendido algo de ellas, o simplemente para recordar experiencias y buenos momentos. Voy a ir explicando anécdota por anécdota sin orden alguno, quizá alguna tiene relación con otra, pero por lo general no. Para cada anécdota voy a sacar alguna moraleja, y al final, intentaré encontrar alguna emoción o algo más sentimental que tengan en común todas las anécdotas.
Muchas veces, pensamos que las anécdotas tienen que ser todas graciosas y de hace tiempo, no es así, una anécdota es un relato breve de un hecho curioso, divertido o poco conocido, basado generalmente en situaciones reales, en este caso, sobre situaciones mías, no en todas soy el protagonista de la situación, muchas veces soy un simple espectador, o uno más del grupo. Para la primera anécdota no hace falta irse muy lejos, de hecho, nada lejos, porque la primera anécdota que voy a contar, sucedió anoche.
Era un sábado como cualquier otro, con nuestro grupo de amigos, quedamos casi cada sábado, y ayer no iba a ser distinto, quedamos a la tarde, primero fuimos a un centro comercial, sobre las nueve y media, fuimos a casa de un amigo a cenar, y decidimos, que después de cenar, iremos a tomar algo en un bar en el pueblo de al lado. Cogimos dos coches, ya que eramos 8, 4 y 4, aparcamos nosotros, uno de los dos coches, y cuando estamos yendo dirección al bar, escuchamos un coche dándose un golpe, nos giramos y vemos que un coche blanco se había subido sin querer a la acera, y que probablemente las ruedas se hubieran pellizcado con el borde, nos quedamos mirando, el coche frena un poco, para momentos después, acelerar y dar un volantazo a la izquierda, chocando así, con un coche aparcado, echa marcha atrás y roza a otro coche aparcado. Los cuatro amigos fuimos a ver lo ocurrido. El coche con el que había chocado frontalmente, tenía un pequeño boyo y unas marcas, el coche que había sido rozado, también marcado en el lateral. Ante eso, uno de los amigos fue corriendo a hacer algunas fotos del coche que había causado estos problemas, en una de las fotos se ve la matrícula, a eso, que llama rápido a la policía local explicando lo recientemente producido, está decidio no hacer más aparte de recibir los datos. El coche blanco que tuvo aquel accidente se metió en un parking privado, nos acercamos a la puerta de este para intentar hablar con el hombre que conducía el coche, le llamamos y al acercarse, notamos que había bebido, por lo tanto, preferimos pasar por alto lo ocurrido. Fue entonces, cuando pasó un coche de la policía local por nuestro lado, paramos el coche y le contamos todo a dos policías, nos dicen que vayamos a comisaría a contarlo todo, incluso a poner una denuncia, con todos los datos pudimos demostrar lo sucedido. Después de eso, llevamos a la policía al escenario donde había sucedido todo, estos empezaron a tomar nota, entonces les mostramos el parking donde se había metido el hombre, que aún seguía dentro. Los policías entraron y sacaron al malhechor. Ya se hizo tarde así que decidimos volver para casa después de lo ocurrido.
Está anécdota me hace pensar sobretodo en una cosa que llevo ya un tiempo pensando, y que me parece super buena para disfrutar cada momento, y es que nunca sabes lo que puede llegar a pasar mañana, en ningún momento yo me iba esperar yendo a comisaría para explicarles a la policía que un coche se había chocado con otro porque el conductor iba bebido. Así que recuerda, disfruta cada pequeño momento, piensa en lo que estás sintiendo cuando haces algo, huele, observa, toca, saborea, escucha… SIENTE.
Ahora sí que nos iremos bastante más atrás, vámonos 10 años atrás aproximadamente, actualmente tengo 19 años, así que, esta anécdota se remonta a cuando tenía unos 9 años, no recuerdo muy bien el día, pero sí que recuerdo que estaba eran las 10 de la mañana más o menos, hora del patio en mi colegio, no se muy bien ni si estaba solo o con algunos compañeros, solo puedo recordarme a mí, mirando un árbol, un árbol cualquiera, pero no para mí, de aquel árbol colgaba una rama, como si fuese una liana de la selva tropical, y como no, un niño que ha visto tarzán o spider-man alguna vez en su vida, siempre a querida columpiarse en algo así, y yo no era menos, recuerdo agarrar con fuerza la rama, ambas manos estaban apretando, hice un par de pasos atrás, salté y con el cuerpo me intenté columpiar hacia adelante, la primera mitad del tramo salió bien, pero justo cuando mi cuerpo empezaba a mirar hacia arriba, note como perdía la fuerza en las manos, y no porque me quedase sin energía, sino porque está rama se rompió, y con ella, caí al suelo de espaldas, no puedo decir que recuerdo el dolor, porque estaria mintiendo, pero si que recuerdo reclinarme y llevar rapidamente la mano a la espalda por el dolor.
Esta anécdota, no es una anécdota de la cual pueda sacar una gran moraleja, pero al tener aquel punto de diversión y infancia, junto al dolor del golpe, siempre me gusta recordar el día, como el día que estuve a punto de irme a vivir a la selva con los gorilas para convertirme en Tarzán. Lo único que puedo sacar de esta anécdota, es que muchas veces, recordamos más los momentos donde sentimos dolor, tanto físico como mental, antes que pequeños ratos con los amigos o la familia.
La siguiente anécdota es una anécdota relacionada con el deporte, pero que al final trata más de la unión y la amistad. Ahora ya no, pero hace unos 3 años, recuerdo estar jugando un partido de baloncesto, de sorpresa vinieron algunos de mis compañeros de clase, incluso mi profesor, y para hacerme sentir más vergüenza, los burros de mis amigos, imprimieron algunas hojas con una foto de mi cara… La cosa, es que durante ese partido ocurrió algo que hizo que me acordara para siempre de aquel día. En una jugada, uno del equipo rival me hizo una falta, lo cual llevó a tener que tirar dos tiros libres, el primero si no recuerdo mal entró, pero fue en el segundo, donde sucedió la anécdota. Me preparaba yo para tirar el balón a la canasta, haciendo mis botes, con la mirada al suelo, concentrandome en la rugosidad del balón, en eso, que tiro, al lanzar, veo como el balón ni llega al aro, hice un “agua” como se suele decir en el baloncesto, ante ese pésimo tiro, un amigo y excompañero de equipo, se rió, y lo peor, o lo mejor depende de como lo mires, es que ese tiro se grabó, digo lo mejor, porque grácias a eso, siempre voy a poder recordar con claridad el momento, y no para verme fallar el tiro, sino para recordar, que mis compañeros vinieron expresamente a verme jugar, estuvieron todo el partido motivando, probablemente, fuera de aquel tiro fallado, ese partido fue uno de los mejores que jugué.
Grácias a esta anécdota, puedo ver, que a veces, cualquier pequeña situación puede unir a la personas, y hacerles pasar un buen rato, y yo al ser el protagonista de esa situación, me hace sentir muy bien, ya que pienso, que grácias a mí, y al amigo que se rió cuando falle, que fue el que preparó la sorpresa, pudimos hacer de esa situación, esta anécdota.
Uno de los pilares de mi vida actualmente, son mis amistades, más concretamente, mi grupo de amigos, los de la primera anécdota, con los que quedo casi cada sábado, la siguiente anécdota, trata sobre un momento, en que no había ninguna preocupación en la vida, donde todos los problemas desaparecen, donde simplemente te lo pasas bien y ríes con tus amigos.
Agosto de 2025, vacaciones, 5 días de casa rural con los amigos, casa con ping pong; con barbacoa; y con piscina, que es justo el escenario de esta anécdota. Imagina, 9 chavales de 18/19 años, en una casa rural para ellos solos, uno del grupo, no tiene una mejor idea que decir de meternos a la piscina desnudos, si, como lees, tal y como dios nos trajo al mundo, los demás no sabíamos muy bien cómo reaccionar a parte de riéndonos. Pues si, al final, acabamos todos saltando y partiéndonos de risa sin nada puesto. Es una anécdota que no he contado a nadie nunca, así que te puedes sentir afortunado de leerla.
Este suceso, siempre lo recuerdo con una sonrisa, a parte de por el momento, que ya me parece surrealista, porque fueron mis primeras vacaciones solo con mis amigos, y encima en una casa rural, que bien me lo pasé. Creo que con tus amigos no tienes que tener vergüenza alguna, si realmente son tus amigos, te querrán tal y como eres, si no es así, realmente no son tus amigos, pienso que son las persona más importantes después de tu familia, y muchas veces pueden ser más importantes, por eso, creo que nadie puede vivir sin tener a alguien que no sea de tu sangre, pero que si consideres familia.
Para terminar con estas anécdotas, quiero poner una, donde el protagonista es una de las personas más importantes en mi vida. Esta anécdota trata de una mañana, de hecho, recién levantado, aún con las legañas en los ojos, en Nueva York.
En 2019, mi padre cumplió los 50 años, y para celebrar este gran acontecimiento, fuimos de viaje a Nueva York, probablemente, el mejor viaje que he hecho en mi vida, de momento. La anécdota, ocurre en el segundo hotel donde dormimos, si no recuerdo mal, la segunda mañana que nos levantamos ahí. Estábamos mi padre, la mujer de mi padre, y mis hermanos en la misma habitación, mi hermano mayor, se levantó antes, y desde siempre, le ha gustado levantar a los demás con música, con la primera canción nos despertamos todos, pero creo que fue en la segunda o tercera, donde de repente mi padre se levantó, y se puso a bailar encima de la cama, todos estábamos riendo mirando como hacia el tonto, no entendiamos nada, y entonces salto y se tumbo en la cama. Como no, ese suceso está grabado y va a ser recordado por los que estábamos ahí.
Esta última anécdota no es muy espectacular, de hecho es tan simple como mi padre recién levantado bailando encima de la cama, pero justo eso, es lo que lo hace único, como algo tan simple, te puede hacer reír y recordarlo, porque al final, los recuerdos se generan cuando tienes los mayores sentimientos. Así que, ¿A partir de ahora, intentarás siempre hacer sentir algo a la gente para que te recuerde de la mejor manera?
Como ya he dicho en la presentación del trabajo, quiero relacionar estas anécdotas, encontrar un punto en común, que aunque la situación entre ellas no tenga nada que ver, en el fondo todas tienen ese mismo tema.
Algo que justo he dicho en la moraleja de la última anécdota, en todas, hay algún fuerte sentimiento, por ejemplo, en la primera anécdota, la de la policía, sentí sorpresa por no esperar que eso sucediera, y miedo, por esa situación realmente seria, en la segunda, hay esperanza, por poder convertirse en Tarzán, y dolor, al caerme del árbol, el tercer relato, vuelves a tener la sorpresa de ver a tus compañeros en la grada, la presión de sentir tantas miradas en tí, y la vergüenza de fallar el tiro, a la vez, del amor al acabar el partido. En la penúltima entrega, vuelvo a integrar a los amigos, sintiendo esa despreocupación y pasandome tan bien, todos riendo. Y en la última, pongo la unión familiar, sintiendo esa poca vergüenza y volviendo a la risa.
Pocas veces hablas de las anécdotas como tal, pero siempre están ahí, cualquier día puede surgir una nueva anécdota, haciendo este trabajo me he dado cuenta de que muchas veces parece que no tienes nada que decir, ningún tema de conversación, pero puedes contar alguna de estas experiencias, y ahí, todo empieza a fluir, salen más y más temas y se te pasa el tiempo volando.