Trabajo Mensual · Tema 1

El camino de la vida

Autor
Santiago Balboa
Lectura
3.000 palabras · 14 min
Formato
Texto de 3.000 palabras
Enfoque
Pautas de comportamiento infalibles

EL CAMINO DE LA VIDA

PAUTAS INFALIBLES DE COMPORTAMIENTO

Lo primero que hacemos cuando decidimos emprender un camino es planificarlo en función de cuál sea el objetivo de esa acción. Si por ejemplo el objetivo es hacerlo corriendo en una competición, planificamos un plan de entrenamiento para afrontar esa carrera, si por el contrario, el objetivo es disfrutar de la fauna, planificamos para localizar los mejores horarios y lugares para poder ver a esos animales, y así planificaremos en función del objetivo. La vida es el camino más maravilloso que vamos a recorrer y para planificarlo y decidir cómo queremos hacerlo, antes debemos hacernos la misma pregunta que en los ejemplos anteriores, ¿Cuál es el objetivo de mi camino? La respuesta a esta pregunta es la que va a determinar qué pautas consideramos imprescindibles para afrontar el camino de la vida.

A mi edad tengo muy claro cual es el objetivo de mi camino vital: “Ser un referente de inspiración para las personas a las que quiero, especialmente para mis hijos, y dejar una huella positiva en todas las personas a las que quiero y aprecio”.

Para planificar este camino he anotado las pautas que considero imprescindibles para conseguir mi objetivo, algunas de ellas las aprendí desde pequeño en mi casa, otras las he aprendido a través de las experiencias vividas a lo largo de mis 56 años, otras las he aprendido de mis amigos y otras me las han enseñado mis dos hijos.

Mis padres me enseñaron a ser buena persona, a respetar las ideas de los demás por mucho que se distancien de las nuestras y a ser agradecido. Mi padre siempre me ha dicho que “Es de bien nacido el ser agradecido”, y en realidad tengo muchísimo que agradecer. Agradecimiento a las personas que me ayudan, agradecimiento a la vida por haberme permitido nacer donde he nacido, agradecimiento a mi familia por haberme enseñado a amar, y agradecimiento a todas esas personas que me dan su cariño, que siempre están dispuestas a escucharme y que me regalan su tiempo.

En este sentido, estas tres pautas que aprendí en casa y que siempre he aplicado en mi vida, son fundamentales a la hora de planificar mi camino, bondad, respeto y agradecimiento.

Hay otra serie de pautas también necesarias que están relacionadas con mi forma natural de ser, esas que definen mi actitud ante la vida y que también decido llevar en la mochila, optimismo y alegría. ¿Sabéis que lo que se siente se transmite? Cuando te sientes optimista y alegre consigues contagiar a las personas de tu entorno y a mí me encanta que las personas de mi entorno, mis hijos, mis amigos mis compañeros de trabajo, aparquen sus preocupaciones cuando están cerca de mí y sientan esa alegría y ese positivismo porque a pesar de las preocupaciones que ocupan nuestra mente a diario hay muchos más motivos para ser positivos que para ser pesimistas.

Soy optimista por naturaleza y esta actitud me ha permitido y me sigue permitiendo disfrutar de cada momento bueno de mi vida mucho más que si fuese pesimista, o incluso, realista, y en este sentido tengo claro que la vida es un paseo muy corto que hay que aprovechar al máximo. Pero ¿qué pasa cuando las cosas vienen mal dadas? Porque ser optimista no significa negar que haya cosas negativas. Pues en estos casos mi experiencia vital me ha enseñado que ante los acontecimientos negativos hay que reaccionar con pensamiento positivo, a pesar muchas veces de que el acontecimiento parezca insalvable, de que la situación va a acabar con todo lo que ya habías creado. Para que este planteamiento quede claro, contaré una historia personal muy triste que he afrontado con dolor, por supuesto, pero que me han enseñado a controlar mi pensamiento y sobre todo a reforzar mi optimismo y mi confianza.

En diciembre de 2.007 mi amigo Rafa y yo constituimos nuestra empresa, un proyecto ilusionante que afrontábamos con muchas incertidumbres pero con muchísimas ganas. En 2.011 empezábamos a crecer de una forma con la que ni siquiera habíamos soñado y nos dimos cuenta de que éramos capaces de aportar mucho valor a nuestros servicios. Los miedos empezaban a desvanecerse y la confianza tomaba protagonismo. En 2.014 ya estábamos prestando servicios en todo el territorio español y teníamos una cartera de clientes muy potente de primer nivel en nuestro sector. En 2.017 comenzamos un proyecto tecnológico basado en el desarrollo de modelos de IA que empezó a dar sus frutos a finales de 2.019 y en 2.020 ya habíamos integrado estos modelos en el mercado español, chileno y colombiano. A principios de 2.020 teníamos una plantilla de unas 15 personas y todo iba viento en popa, pero en diciembre de 2.020, Rafa, mi amigo y socio fue diagnosticado de un cáncer de páncreas. A penas un año más tarde, el día de Reyes, 6 de enero de 2.021 el cáncer venció y mi amigo Rafa falleció. Días antes de su muerte, cuando él ya sabía que iba a morir me dijo algo que se me quedó gravado, “Santi, no te preocupes porque lo vais a hacer muy bien, de una forma diferente, pero muy bien”. Él confiaba en mí tanto o más que yo mismo y esa frase me liberó de la carga de tener que estar preguntándome permanentemente “¿Cómo lo haría Rafa?”. La persona con la que había creado lo que ambos llamábamos “nuestro proyecto vital”, ya no estaba y ante esa situación decidí confiar en mí, y en el equipo que habíamos creado.

Esta experiencia vital me ha enseñado que tienes que confiar en tu capacidad, que no puedes tomar decisiones o dejar de tomarlas en base a las limitaciones que los demás te pongan, porque esas limitaciones son las suyas propias pero no las tuyas y he aprendido que a pesar de que perdamos en el camino a personas tan importantes, prefiero pasar por ese dolor que renunciar a haberlas conocido.

Seguramente hubo personas que pensaron que nuestra empresa no iba a poder seguir funcionando o que poco a poco se iría apagando, pero a pesar de las circunstancias, decidí, una vez más, hacer caso a Rafa y confiar en mí, decidí ser fiel a mi forma de entender la vida afrontando la situación de forma positiva. Lo que ha ocurrido desde entonces es que hemos crecido en volumen de negocio, en cartera de clientes y en cartera de servicios y actualmente el equipo está formado por treinta y una personas y este año tenemos una previsión de crecimiento por encima del que hemos experimentado en 2.025 donde ya hemos superado los tres millones de euros.

Esta historia me ha enseñado por tanto que una pauta infalible para avanzar es asumir los acontecimientos y aprender a gestionarlos de forma positiva y con confianza, por muy difíciles que sean.

¿Qué otras pautas de comportamiento son fundamentales para mí?

Los que me conocen saben que mi pasión es correr. Este deporte que llevo practicando desde hace 43 años, me ha enseñado cosas que considero importantísimas y que aplico a todas las facetas de mi vida. Me ha enseñado a ser resiliente, paciente y disciplinado. A ser resiliente, porque enseña a no cejar en el empeño cuando te caes, es decir, a afrontar la frustración, a ser paciente porque enseña a esperar el momento más oportuno y a ser disciplinado porque enseña a actuar aún cuando las circunstancias no te acompañan.

Estas tres pautas, resiliencia, paciencia y disciplina son fundamentales para poder superarnos, y esa superación no tiene límites, porque los límites solo están en nuestro pensamiento.

Pondré un ejemplo para desarrollar esto.

Decía anteriormente que mi pasión es correr, y dentro de esta disciplina, mi prueba reina es la maratón. Llegar a colocarse en el cajón de salida conlleva un trabajo previo de meses, donde has realizado entrenamientos muy duros con días de intensidad máxima y días de muchísimo volumen. Semanas de 80, 90 o más de 100 kilómetros, realizados a pesar del frío, de la lluvia, del viento o de muchas otras circunstancias desfavorables. Esto se consigue con disciplina, que no es otra cosa que hacer lo que debes hacer a pesar de que las circunstancias sean desfavorables.

Durante los años 2.022 y 2.023 entrené para participar en las ediciones de las maratones de 2.023 y de 2.024. En la edición del año 2.023 no pude ni siquiera colocarme en el cajón de salida, ya que un mes antes de la carrera me lesioné. Meses de esfuerzo y entrenamiento parecía que no habían servido para nada. En la edición del año 2.024, llegué al cajón de salida pero en el kilómetro 11 tuve un tirón muscular que me obligó a pararme de inmediato. Una vez más la historia se repetía, pero la resiliencia, esa capacidad que los corredores desarrollamos y que nos lleva a vencer la frustración, me llevó de nuevo al cajón de salida en la edición del año 2.025, realizando una marca (2h47´39”) que me colocaba en la quinta posición de mi categoría.

Empecé a correr cuando tenía 14 años y ahora tengo 56. Con 25 años corrí por primera vez una maratón que repetí tres años más tarde. Mis dos mejores marcas personales de todos los tiempos, 2h 41´ 42” y 2h 42´50” respectivamente. En 2.002, año de nacimiento de mi primer hijo dejé el deporte y me dediqué en cuerpo y alma a mi familia y a mi trabajo, naciendo mi segundo hijo en 2.006 por lo que continuaba sin correr. Sabía que en algún momento volvería a correr pero aún no tenía claro cuál sería el momento oportuno, así que decidí ser paciente y esperar el mejor momento que llegó en 2.017, 15 años más tarde desde que lo había dejado. A partir de ese retorno he corrido 4 maratones con marcas todas ellas por debajo de 2h 50´. La paciencia enseña a saber esperar y saber esperar enseña a asentar los conocimientos adquiridos a través de nuestras experiencias.

Siguiendo con mi planificación en este camino de la vida, también hay otras pautas imprescindibles que he aprendido a través de mi experiencia laboral. Soy ingeniero técnico industrial y desde que comencé a trabajar he sido autónomo, es decir, siempre he trabajado por cuenta propia. Esto me ha enseñado entre otras cosas, a ser autosuficiente, a buscar soluciones a los problemas y a que detrás de cada problema, de cada dificultad o de cada imprevisto, siempre hay una solución. También he aprendido a que las personas tóxicas hay que apartarlas de nuestro camino y a que siendo honestos se llega mucho más lejos.

Empecé a trabajar en el año 1.996 en una oficina técnica con una persona a la que siempre consideraré, mi maestro. Ángel, mi maestro, me enseñó a ser autosuficiente, a confiar en mí mismo, a buscar siempre soluciones a los problemas, a tener siempre un plan B y a confiar en las personas. Con él aprendí que tenemos muchas más capacidades de las que pensamos y que las limitaciones que creemos tener, están en nuestra mente. Que para hacer todo eso que nos parece inalcanzable, solo hay que empezar y que durante el camino vamos descubriendo que la meta sí es alcanzable. Aprendí a que si eres honesto siempre habrá personas dispuestas a ayudarte y que, afortunadamente, hay muchas más personas buenas que malas.

Todos esos aprendizajes que apliqué cuando comencé mi aventura empresarial en 2.008 me han permitido avanzar y crear un proyecto de vida que ya está dejando una huella positiva en muchas personas y esta circunstancia me indica que voy por buen camino.

Otras personas que me han ayudado en mi vida han sido, mis amigos, y cuando digo, amigos, me refiero a esas pocas personas con las que comparto mis pensamientos, mis inquietudes, mis alegrías, esas personas que siempre están ahí dispuestas a escucharte y a dedicarte su tiempo. Esas personas por las que sientes admiración pero que a su vez te admiran a ti y en definitiva esas personas que se convierten en el faro que alumbra tu camino. De ellos he aprendido que la vida no tiene sentido si no la compartes y por ese motivo, otra de mis pautas infalibles es compartir.

Por último, he aprendido otras pautas fundamentales de las dos personas más importantes de mi vida, mis dos hijos, Santiago y Pedro. Ellos me han enseñado a tener una escucha activa, a que todas las personas, más allá de su edad, formación o ideología son susceptibles de enseñarnos cosas desconocidas y hacernos recapacitar e incluso de cambiar nuestra forma de pensar. Me han enseñado a ser generoso y por supuesto a amar por encima de todo. Ellos han metido en mi mochila la escucha activa y el amor como pautas infalibles.

Llegados a este punto hay que comprobar si ya lo llevo todo, toca revisar la mochila para emprender el camino de la vida, así que voy a revisarla.

Gracias a mi familia, he metido en la mochila, bondad, respeto y agradecimiento, mi forma de ser y mi actitud ante la vida me han llevado a echar optimismo y alegría, mi experiencia vital y laboral me han permitido llevar confianza y honestidad. Mi pasión por correr me ha aportado la resiliencia, la paciencia y la disciplina, y mis hijos me han dado la escucha activa y el amor.

Ya tengo la mochila preparada, tan solo me falta compartir todo lo que llevo dentro tal como me han enseñado mis amigos. Con la compañía que he elegido y que sigo eligiendo a lo largo del trayecto ya estoy preparado para iniciar el camino. ¿Te apuntas?.