Trabajo Mensual · Tema 4

Madurar es aprender a fluir

Autor
Nadia Otero
Lectura
300 palabras · 2 min
Formato
Discurso de 300 palabras
Enfoque
La madurez

No me he detenido nunca a pensar qué es la madurez. Para mí, está íntimamente ligada a la responsabilidad: es, en esencia, la capacidad de tomar decisiones, afrontarlas con coherencia y asumir sus consecuencias. Desde que tengo uso de razón he funcionado así; por ello, podría concluir —quizá de forma anticipada— que he sido una persona madura durante gran parte de mi vida.

En la etapa adulta en la que me encuentro, me permito ciertas chiquilladas que no viví en mi madurez temprana. A veces me embriaga la inocencia; otras, es el propio calendario el que me recuerda que tránsito por una fase distinta, una que, si dependiera de mí, ni me enteraría. Pero es evidente que estoy en la etapa llamada madurez.

Un momento decisivo de madurez en mi vida fue mi llegada a España: cruzar el Atlántico, subirme a un avión por primera vez y enfrentarme sola a mis miedos y a mis propios demonios. Fueron años difíciles, sobre todo al inicio, marcados por la incertidumbre y la sensación de desarraigo. Sin embargo, con el tiempo, algo se fue transformando en mí.

Me convertí en agua, abracé sin saber una filosofía que se fundamenta en la adaptación, la fluidez y la resiliencia ante la adversidad. Curiosamente, cuando escuché por primera vez esa idea, ya la había interiorizado sin haber sido consciente de ello ni haberle puesto nombre. No puedo precisar el instante exacto en que ocurrió ese cambio, pero hoy reconozco con claridad en mí una notable capacidad de adaptación y una mentalidad orientada al crecimiento.

A mi yo futuro lo imagino con una autodisciplina firme y, al mismo tiempo, con la capacidad de preservar cierta inocencia y complicidad con el disfrute de los pequeños momentos de la vida, sin excesivas complicaciones. Esa etapa venidera no me inquieta ni la proyecto en exceso; mi atención permanece, con claridad, en quien soy ahora.